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Cultura de las calles: donde se escribe la historia feminista

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Las calles son nuestro lugar político: donde exigimos, resistimos y conquistamos.

Analizando la historia del feminismo, podemos considerar que en Argentina esta es, sobre todo, la historia de la participación política de las mujeres en las calles.

Desde inicios del siglo XX, las mujeres argentinas han salido a la calle para exigir derechos. Primero, para pedir la remoción de la inferioridad civil y el acceso a la educación. Luego, con más fuerza, en la lucha por el sufragio femenino, iniciada por la socialista Alicia Moreau de Justo y profundizada con la figura de Eva Perón, hasta lograr en 1947 la promulgación de la ley que nos reconoció el derecho a votar.

Quiero traer acá el concepto de “feminismo de la diferencia” de Karen Offen, que pone el eje en las singularidades culturales de los colectivos femeninos. Esa matriz se refleja fuertemente en el arco feminista argentino, y nos permite también leer como feminista la lucha de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, que desde 1976, bajo la más cruel dictadura, salieron con sus cabezas cubiertas por pañales blancos a exigir por la vida de sus hijxs.

Con la vuelta de la democracia, las calles volvieron a ser el escenario de nuestras demandas: patria potestad compartida, ley de divorcio, leyes contra la violencia doméstica. En los 90, el foco fue el reconocimiento político, con la ley de cupo (1991) y la incorporación con rango constitucional de la CEDAW (1994).

Ya en la década del 2010, el feminismo empieza a romper con la cisnorma y apoya en las calles leyes fundamentales: Matrimonio Igualitario (2010) e Identidad de Género (2012). Nada de esto habría sido posible si el feminismo hubiera sido exclusivo para mujeres cis heterosexuales. Fue, y sigue siendo, colectivo, interseccional y diverso.

El huracán verde

Todo este recorrido fue clave para llegar a la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, que tuvo su punto de máxima visibilidad en las vigilias del 13 de junio y el 8 de agosto de 2018, cuando se debatió por primera vez en el Congreso el proyecto de ley de IVE.

Este proyecto no solo pedía despenalizar el aborto, sino legalizarlo: obligar al Estado a garantizar el derecho de toda persona con capacidad de gestar a decidir sobre su cuerpo y a acceder a la práctica dentro del sistema de salud, de forma gratuita, segura, y dentro de un plazo de cinco días desde su solicitud.

En 2018 se logró la media sanción en Diputados, pero el proyecto fue bloqueado por el Senado. Aun así, el mensaje fue claro: las calles no se rendían. Y sabíamos que, cuando cambiara la composición del Congreso, volveríamos.

Así fue que en 2020, con una pandemia global de fondo y prioridades legislativas urgentes, volvimos a las calles, con barbijos, distancia social y pañuelos verdes. La vigilia del 30 de diciembre de 2020 fue la más calurosa —literal y metafóricamente—. Finalmente, el Senado aprobó la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, con 38 votos a favor, 29 en contra y una abstención.

Memoria y futuro

Hoy, casi cuatro años después, vivimos una realidad casi distópica. Los derechos conquistados con pañuelos, vigilias y cuerpos en las calles vuelven a estar en discusión. El 2024 nos demostró que más allá de cualquier clivaje político, las calles siguen siendo el espacio donde el pueblo defiende lo que es suyo. La defensa de la universidad pública fue una muestra reciente de eso.

La Ley IVE costó luchas, vidas y lágrimas. Fue una conquista de generaciones enteras. No podemos permitir que un gobierno de turno la ponga en tela de juicio. A la clandestinidad no volvemos más. Y si intentan llevarnos, nos encontrarán en las calles. Otra vez. Siempre.


La memoria se organiza

  • Sumate a actividades de formación feminista y de educación sexual integral en tu ciudad.
  • Apoyá a las redes de profesionales que garantizan la IVE en los hospitales.
  • Visitá http://www.abortolegal.com.ar para información actualizada sobre derechos, acceso y contacto con redes de acompañamiento.
  • Llevá el debate a todos lados: a tu barrio, a tu escuela, a tus redes.
  • Y no olvides tu pañuelo. La historia se sigue escribiendo en las calles.

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